Introducción al MUSAC

Los hechos históricos no cambian con facilidad. Pero cambian. Cambian sobre todo cuando hay nuevos hallazgos, nuevos descubrimientos y aunque la exactitud y precisión de la historia está basada en documentos y evidencias, aún la perspectiva arroja luces y sombras sobre su fidelidad.

En los últimos treinta años los chiapanecos nos hemos decidido a derribar muros históricos y hemos arrojado al mundo torrentes de luz sobre lo que una vez creímos.

La historia completa fue puesta a prueba, sometida al juicio social. Nos ha costado mucho dolor, enorme tristeza reivindicar nuestro verdadero papel en la historia pero al final lo hemos hecho y es seguro que podremos demostrar con el tiempo que eso, gracias a los cientos de investigadores que han abordado la temática social de Chiapas, se ha hecho bien. Muy bien.

Para lograrlo hemos de un lado y otro asumido posiciones. Los hechos históricos cobraron en tiempos recientes grandes sesgos que nos parten y nos dividen y que en buena forma, también, hemos dejado trascender a posturas sociales, políticas y tristemente, a confrontaciones.

Nuestra plaza Catedral y nuestra Catedral de la Paz se volvieron símbolo universal de los derechos humanos. Otra vez. Sí, otra vez porque esa historia la vivimos hace cien años con los enfrentamientos entre conservadores y liberales, entonces representados de uno y otro bando con figuras insignes como el Obispo Orozco y Jiménez, Belisario Domínguez, Jacinto Pérez Pajarito, Emilio Rabasa entre muchos otros. Revisamos la historia, juzgamos, Rosario Castellanos escribió Oficio de Tinieblas y luego de unas décadas volvimos al encuentro de las mismas ideas, de las mismas heridas. Otra vez porque hace casi 500 años Fray Bartolomé de Las Casas hizo lo propio contra los encomenderos.

En el proceso, en el diario devenir de San Cristóbal sin embargo, olvidamos que ahí pocos años antes se erguía una escuela secundaria de cuatro pisos que nos formó con maestros de gran nivel que dudosamente volveremos a tener. Y antes, en el mismo siglo, estuvo el antiguo Palacio del Episcopado que fue demolido en aras de la modernidad. O sea, el debate es constante y deja rastros evidentes.

Y los sancristobalenses, como los más, somos buenos para el debate y estamos dispuestos a hacer valer nuestra postura en donde sea necesario cerrando no sólo carreteras sino también filas, mesas, posiciones, opciones de diálogo, de discusión, de paz. Hemos puesto a ésta como nuestra máxima aspiración en el himno, en la feria, en la plaza y continuaremos recordando siempre qué es lo que queremos. El mundo quiere paz y hallarla pareciera cada vez más complicado. La UNESCO, próxima como está a su convención más importante sobre la cultura y la herencia, apunta a fortalecer el diálogo intercultural, a abrazar la diversidad, a celebrar las diferencias. Alejada de los monumentos la UNESCO ha apuntado a los espacios de convivencia intercultural, multiétnica, a la esencia del mestizaje y el respeto a las profundas raíces de nuestras culturas, nuestros credos, nuestras lenguas, nuestras costumbres.

El libro que hemos compilado se sustenta en las razones históricas de todas las voces que nos precedieron. El guión curatorial para la exposición refrenda nuestro deseo de encontrar la convivencia que una vez ideó Santo Tomás Moro y acariciaron conquistadores, fundadores, evangelizadores: la utopía. Todo el conjunto de nuestro mayor monumento neoclásico apunta a un solo interés: la permanencia dela reflexión sobre la posición. Hablar de la historia siempre será difícil y nos llevará irremediablemente a desencuentros, pero hacerlo de forma colectiva como hemos hecho en este trabajo permite la integración de las voces que han venido investigando el pasado para poder presentarlo, de una manera sincera y objetiva pero también sencilla a nuestras siguientes generaciones.

En ellos hemos pensado todos. En un lenguaje de divulgación que permita a los jóvenes de la escuela secundaria identificar códigos colectivos que hemos apreciado y disfrutado desde niños sin mayor comprensión de la historia. Si esta primera tarea podemos hacerla bien, estoy convencida de que muchas mesas, muchos ejercicios de reflexión podrán ser factibles para que prevalezca en nuestra revisión la cultura de paz, un viejo anhelo que hemos repetido en San Cristóbal de manera recurrente y que hoy tiene formas y fórmulas muy calificadas para transmitir.

El trabajo colectivo que hemos iniciado en la recuperación de esta gran obra que nos ofrece el Gobernador Velasco Coello ha sido, hasta ahora, una obra titánica que empezó hace muchas décadas cuando empezamos a formarnos y transformarnos para poder exhibir, con orgullo y gran majestuosidad, la historia de Chiapas, la historia de San Cristóbal.

Eso sólo será posible si ofrecemos este trabajo nuestro con mucha humildad, sin pretensiones de ningún tipo en una obra que debe ser, como hasta ahora, una sinergia entre el colectivo de quienes deseamos el diálogo y respetamos a nuestros mayores y la participación honesta, franca y generosa de quien nos da un rincón para recordar, para idear y también para convivir.